Trabajar más para tener menos
La fábula se la he escuchado a César Manzanos en una conferencia sobre adultocracia y los valores que estamos inventando y enseñando a las nuevas generaciones, aunque me imagino que existan cien mil versiones más. Se trata del encuentro entre un pescador y un hombre rico. Dice que ocurrió en Ecuador, pero podría haber sucedido en cualquier otro lugar del mundo:
Ahorrar, acumular, guardar para más adelante... pero cuánto.
Y para cuándo.
Añadido: Fíjate lo que dicen los científicos.
Estaba un pescador joven tumbado en su barca un día soleado de playa, charlando plácidamente con algunos compañeros de faena. Pasó por allí un turista alemán, que censuró su actitud diciendo:
- ¿Y usted por qué está ahí tirado, a las once de la mañana, sin hacer nada? ¿Ya ha terminado de pescar por hoy? - Añadió, mirando sorprendido la escasa "cosecha" del hombre.
- Sí que he terminado - respondió el otro - Salí con mi barca antes de que amaneciera y ya tengo suficiente para alimentar hoy a mi familia. Ahora me quedo un rato para disfrutar de la playa y después iré a comer a casa con mi mujer. Los dos esperaremos a que los niños vuelvan del colegio para salir de paseo y jugar con ellos. Como ve, tengo una vida ocupada - dijo, mientras sonreía pícaramente.
- Vaya, sí que tiene tiempo... ¿Y por qué no saca un par de horas para pescar hasta más tarde?
El hombre le repitió que él ya tenía lo suficiente .
- Pero si pescara más podría, por ejemplo, vender el pescado sobrante y ganar algo de dinero con el que reparar su barquita, que he visto que tiene algunos agujeros.
"Así podría llegar a aguas más profundas donde hay peces más grandes. Y con el dinero que le daría su venta podría comprarse una barca más grande".
- ¿Y para qué quiero yo una barca más grande?
- Contrataría otros compañeros para que trabajasen para usted y ganaría todavía más dinero, para poder comprarse más barcos.
Y siguió argumentando animado: "Con un poco de suerte y trabajo, llegaría a ser un hombre rico. Podría incluso tener tu propia procesadora y vender el pescado directamente, ahorrando en intermediarios. Con su experiencia en el mar, sería un gran hombre de negocios".
"Entonces ya no tendría que vivir en este pueblecito perdido del mundo y podría ir a a gran ciudad, y desde allí, manejar su empresa".
- Tan lejos del mar... - Suspiró - Además, ¿para qué me sirve a mí tanta riqueza? ¿Qué hago con tantos barcos y tanto dinero?
- ¿¡Que qué hace!? Pues pasarse el día sin trabajar, como hago yo, y poder irse de vacaciones al mar, donde disfrutar de la charla con sus amigos. ¡Tendría más tiempo para su mujer y sus hijos!
- Amigo, eso es precisamente lo que estoy haciendo ahora...
Aspiró profundamente el fresco aire del mar y levantó a mirada para contemplar el vuelo alto de las gaviotas. Con una sonrisa, se despidió de su inesperado visitante, había dicho a su mujer que llegaría a la hora de comer.
Ahorrar, acumular, guardar para más adelante... pero cuánto.
Y para cuándo.
Añadido: Fíjate lo que dicen los científicos.


Probablemente el pescador no sufrió ningún bombardeo televisivo en su niñez.
Si la culpa de todo fuera de la tele, sería muy fácil...
La primera vez que oi esa historia, fue en una charla sobre emprendedores, contada por uno de los empresarios, de todomaletas.com
No explico porque era empresario y dedicaba tanto tiempo al trabajo, pero supongo que le gustaba.
Lo contaría en plan chiste, porque está "un poco" fuera de contexto, es verdad ;-)
Igual es porque la única salida de la gente que trabaja mucho, es disfrutar del trabajo y tomárselo como algo divertido. Claro, que para eso hay que sacrificar todo lo demás. Una forma muy tonta de desperdiciar la vida...
¿De nuevo el mito del buen salvaje?
En las sociedades africanas, como en todas las sociedades a lo largo de la historia, se da la necesidad de triunfar, de conquistar el éxito y el reconocimiento social.
Tanto, que se arriesgan a morir y se endeudan, ellos y sus familias, para venir a Europa.
En el mundo subdesarrollado, sobre todo en las ciudades, existe tanto o más consumismo que en nuestro mundo rico.
Historias de adolescentes de clase media (local) prostituyéndose para comprarse un móvil o unas zapatillas de marca...
No me pasas ni una... para un cuento un poco ñoño que pongo :P
El buen savaje no tiene porqué estar en el Caribe o en África, podría haber sido mi abuelo, sin más aspiraciones que pagar los estudios a sus hijas (su orgullo, ahora) y ahorrar por si un día alguien de la familia le da cáncer y le tienen que operar en Navarra (le vendrá de alguna historia del pueblo, digo yo).
Nada de hacerse rico riquísimo y pedir créditos para pagarse una home cinema de esas...
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