Vivir en otro país (Segunda parte)

Me decían que hablaba muy bien, siempre me gustó este idioma. Pero una cosa son los libros de gramática y otra tener una persona delante: a mí me entenderían, pero yo no comprendía una palabra. Pensaba: “ojala pudiera poner subtítulos a la gente…” De hecho, no me costaba en absoluto aislarme del ruido del laboratorio, era sólo eso, ruido sin coherencia. Ni las voces guturales me parecían diferentes unas de otras.
Con el tiempo el oído se va acostumbrando al idioma y sobre todo si en el trabajo hablan todos en francés. En el estudio no tenía tele (ni ganas) pero me acostumbré a tener la radio con emisoras francófonas (en Anderlecht la mayoría son neerlandófonas) cuando llegaba a “casa”. Un buen día, en uno de los seminarios del jueves, se encendió la lucecita: “¿Qué acento tendrá este hombre? Qué bien se le entiende…”
Toquinho - Acuarela
Algo que te choca también es el supermercado. Esos botes de 2 kilos de mayonesa o Nutella no pueden pasar desapercibidos… así como el precio de la fruta fresca. ¡Cómo podía ser tan caro algo que en España casi se regala!... Fácil, el frutero me lo explicó, toda la fruta y verdura era o marroquí como él o española como yo. Por lo demás, tampoco eché de menos nada importante, en el GB tienen hasta su columna de productos españoles para los inadaptados que no puedan vivir sin sus latitas de pulpo a la gallega o su Cola Cao. Bueno, y la estantería para italianos, para chinos, para árabes... todos. La parte triste de la historia es que ahora cuando vuelvo a Madrid sí que me faltan cosas: “¿y el hojaldre para hacer una quiche?”
Cuando salía a pasear sola al principio me preguntaba, y la gente ¿dónde está? Luego me enteré: aquí es distinto. Hay más gente que pasa mayor tiempo en su casa que saliendo. Se hacen más fiestas y cenas dentro de los apartamentos, la llovizna tonta 8 meses al año no ayuda. Pero cuando sale el sol… alàlà… terrazas, gente sentada en la puerta de sus casas, tenderos asomados a la calle para hablar con el de al lado, todo “normal”. Aún así, las reuniones en las casas siguen siendo importantes, la cantidad de barbacoas que puedes tener.
La parte emotiva hacia la familia es algo muy personal. Hoy internet hace que te sientas más cerca de tus seres queridos. Hablar a menudo por teléfono y escuchar los gritos de todos juntos del otro lado te llena el corazón, es algo difícil de explicar. Cuando te llaman, pero también cuando llamas tú. Dan ganas de coger el teléfono “hola, estaba pensando en ti”, qué alegría, la agradecida soy yo.
Y cuando llega un paquete o una carta de afuera...uh que emoción. Quieres romper despacito el papel que envuelve la caja donde llegó y la miras... y la miras... este momento es único. Y ahí está, un abrigo para que no pases frío en invierno, un puzzle como cuando eras pequeña, un peluchín, fotos, palabras de cariño...
Yde amor.

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Cuaderno de bitácora, Bélgica
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