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jueves, agosto 10, 2006

Vivir en otro país (Segunda parte)

Cuando llegas con una base de idioma las cosas se te hacen un poco más fáciles. El verano anterior me lo pasé yendo 3 horas al día a clases de francés, además todos los emails y papeleos con la universidad belga me ayudaron a conocer el idioma todavía más de cerca. Pero fue muy difícil al principio tratar de entender… Qué importante es la comunicación.

Me decían que hablaba muy bien, siempre me gustó este idioma. Pero una cosa son los libros de gramática y otra tener una persona delante: a mí me entenderían, pero yo no comprendía una palabra. Pensaba: “ojala pudiera poner subtítulos a la gente…” De hecho, no me costaba en absoluto aislarme del ruido del laboratorio, era sólo eso, ruido sin coherencia. Ni las voces guturales me parecían diferentes unas de otras.



Con el tiempo el oído se va acostumbrando al idioma y sobre todo si en el trabajo hablan todos en francés. En el estudio no tenía tele (ni ganas) pero me acostumbré a tener la radio con emisoras francófonas (en Anderlecht la mayoría son neerlandófonas) cuando llegaba a “casa”. Un buen día, en uno de los seminarios del jueves, se encendió la lucecita: “¿Qué acento tendrá este hombre? Qué bien se le entiende…”








Toquinho - Acuarela




Algo que te choca también es el supermercado. Esos botes de 2 kilos de mayonesa o Nutella no pueden pasar desapercibidos… así como el precio de la fruta fresca. ¡Cómo podía ser tan caro algo que en España casi se regala!... Fácil, el frutero me lo explicó, toda la fruta y verdura era o marroquí como él o española como yo. Por lo demás, tampoco eché de menos nada importante, en el GB tienen hasta su columna de productos españoles para los inadaptados que no puedan vivir sin sus latitas de pulpo a la gallega o su Cola Cao. Bueno, y la estantería para italianos, para chinos, para árabes... todos. La parte triste de la historia es que ahora cuando vuelvo a Madrid sí que me faltan cosas: “¿y el hojaldre para hacer una quiche?”






Cuando salía a pasear sola al principio me preguntaba, y la gente ¿dónde está? Luego me enteré: aquí es distinto. Hay más gente que pasa mayor tiempo en su casa que saliendo. Se hacen más fiestas y cenas dentro de los apartamentos, la llovizna tonta 8 meses al año no ayuda. Pero cuando sale el sol… alàlà… terrazas, gente sentada en la puerta de sus casas, tenderos asomados a la calle para hablar con el de al lado, todo “normal”. Aún así, las reuniones en las casas siguen siendo importantes, la cantidad de barbacoas que puedes tener.




La parte emotiva hacia la familia es algo muy personal. Hoy internet hace que te sientas más cerca de tus seres queridos. Hablar a menudo por teléfono y escuchar los gritos de todos juntos del otro lado te llena el corazón, es algo difícil de explicar. Cuando te llaman, pero también cuando llamas tú. Dan ganas de coger el teléfono “hola, estaba pensando en ti”, qué alegría, la agradecida soy yo.



Y cuando llega un paquete o una carta de afuera...uh que emoción. Quieres romper despacito el papel que envuelve la caja donde llegó y la miras... y la miras... este momento es único. Y ahí está, un abrigo para que no pases frío en invierno, un puzzle como cuando eras pequeña, un peluchín, fotos, palabras de cariño...



Yde amor.





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Cuaderno de bitácora, Bélgica

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Vivir en otro país (Primera parte)

Lis bajo la lluvia bruselense
Viajar es una experiencia hermosa. Vivir en un país donde encuentras que muchas cosas funcionan de forma diferente, ni mejor ni peor, que sólo paseando, cada día, descubres novedades, curiosidades, diferencias… y lo peor:
Parecidos.



Al llegar es obvio que te sientes como sapo de otro pozo, no conoces a nadie, nadie te conoce. No sabes donde ir, pero si no sales a conocer un poco la ciudad no te acostumbras a ella, no la haces tuya.



Antes de emprender el viaje estaba emocionada y ansiosa de cómo sería todo ese nuevo mundo que me esperaba. No pensaba en otra cosa que en el viaje. No deseaba otra cosa que llegar.



Me decía a mi misma: y si no me dan la beca, trabajo de lo que sea para empezar total después me apañaré. Sin embargo, hubo beca, y buenos compañeros… ¡y alojamiento! Un estudio de la universidad me estaba esperando, y nadie me conocía de nada…




La gente, como en todos lados, hay de todo tipo. Están los que tratan de ayudarte si te pierdes en la calle y los que si les preguntas algo te ignoran, los acentos dan miedo. Me hizo gracia cómo desde el principio mucha gente me preguntaba a mí cuando estaban perdidos: Desolée, je ne suis pas du coin, monsieur.










Corneille - Parce qu'on vient de loin




Tienes que hacerte a la idea de que estás llegando a un lugar donde no se habla tu idioma. Porque, aunque sea ridículo, te condiciona, tanto en la forma de expresarte como en las conversaciones que mantienes. Donde tu cultura es diferente a la de ellos, donde serás tú el que se va a adaptar, y no ellos a ti.



Al principio cuesta… o no. Rápidamente te acostumbras al ritmo de vida que llevan aquí. Comer a las doce, dar un beso por las mañanas a todos los colegas, que los autobuses lleguen según el horario previsto, y siempre, a todas horas, decir s’il vous plaît.



No es muy fácil hacerte amigos enseguida, pero poco a poco van apareciendo esas personas que se nos cruzan en las estaciones del tren de la vida: en el trabajo, en las prácticas, donde estudies, con tus vecinos, la tienda de la esquina.



Pronto empiezas a conocer gente.




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Anonymous Anónimo dijo...

soy lau y sigo ley�ndote a menudo. y hoy me siento tocada porque es cierto todo lo que dices. a lo mejor yo fui sin un motivo claro a bruselas pero el s�lo hecho de ver c�mo reaccion� all�, c�mo reacciona la gente con un extranjero, q en ese caso eres t� mismo, ver c�mo te ayudan a cambio de nada, o de c�mo no te ayudan porq les importas muy poco... es una experiencia que te ayuda a crecer por dentro, a conocerte a t� mismo y a la especie humana. Muy recomendable.
Animo linda.

agosto 10, 2006 10:18 a. m.  
Blogger Agar dijo...

Otra bruselense de adopción, aunque fuera por unos cuantos (bastantes) meses :-)

Es bonito verse del otro lado, del que llega y empieza todo de cero. Y nosotras hemos tenido suerte, siendo europeas en Europa... Viajar me parece una oportunidad, nueva casa, amigos, costumbres... Al final tienes dos de todo, dos mundos y aunque te sientes perdida en los dos no lo cambiaría por nada. En fin, que luego sigo escribiendo, todavía me quedan cositas que contar.
Biquiños

agosto 10, 2006 1:14 p. m.  

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