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jueves, agosto 10, 2006

Vivir en otro país (Primera parte)

Lis bajo la lluvia bruselense
Viajar es una experiencia hermosa. Vivir en un país donde encuentras que muchas cosas funcionan de forma diferente, ni mejor ni peor, que sólo paseando, cada día, descubres novedades, curiosidades, diferencias… y lo peor:
Parecidos.



Al llegar es obvio que te sientes como sapo de otro pozo, no conoces a nadie, nadie te conoce. No sabes donde ir, pero si no sales a conocer un poco la ciudad no te acostumbras a ella, no la haces tuya.



Antes de emprender el viaje estaba emocionada y ansiosa de cómo sería todo ese nuevo mundo que me esperaba. No pensaba en otra cosa que en el viaje. No deseaba otra cosa que llegar.



Me decía a mi misma: y si no me dan la beca, trabajo de lo que sea para empezar total después me apañaré. Sin embargo, hubo beca, y buenos compañeros… ¡y alojamiento! Un estudio de la universidad me estaba esperando, y nadie me conocía de nada…




La gente, como en todos lados, hay de todo tipo. Están los que tratan de ayudarte si te pierdes en la calle y los que si les preguntas algo te ignoran, los acentos dan miedo. Me hizo gracia cómo desde el principio mucha gente me preguntaba a mí cuando estaban perdidos: Desolée, je ne suis pas du coin, monsieur.










Corneille - Parce qu'on vient de loin




Tienes que hacerte a la idea de que estás llegando a un lugar donde no se habla tu idioma. Porque, aunque sea ridículo, te condiciona, tanto en la forma de expresarte como en las conversaciones que mantienes. Donde tu cultura es diferente a la de ellos, donde serás tú el que se va a adaptar, y no ellos a ti.



Al principio cuesta… o no. Rápidamente te acostumbras al ritmo de vida que llevan aquí. Comer a las doce, dar un beso por las mañanas a todos los colegas, que los autobuses lleguen según el horario previsto, y siempre, a todas horas, decir s’il vous plaît.



No es muy fácil hacerte amigos enseguida, pero poco a poco van apareciendo esas personas que se nos cruzan en las estaciones del tren de la vida: en el trabajo, en las prácticas, donde estudies, con tus vecinos, la tienda de la esquina.



Pronto empiezas a conocer gente.




GUARDADO EN: Cuaderno de bitácora
, Bélgica

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Anonymous Anónimo dijo...

soy lau y sigo ley�ndote a menudo. y hoy me siento tocada porque es cierto todo lo que dices. a lo mejor yo fui sin un motivo claro a bruselas pero el s�lo hecho de ver c�mo reaccion� all�, c�mo reacciona la gente con un extranjero, q en ese caso eres t� mismo, ver c�mo te ayudan a cambio de nada, o de c�mo no te ayudan porq les importas muy poco... es una experiencia que te ayuda a crecer por dentro, a conocerte a t� mismo y a la especie humana. Muy recomendable.
Animo linda.

agosto 10, 2006 10:18 a. m.  
Blogger Agar dijo...

Otra bruselense de adopción, aunque fuera por unos cuantos (bastantes) meses :-)

Es bonito verse del otro lado, del que llega y empieza todo de cero. Y nosotras hemos tenido suerte, siendo europeas en Europa... Viajar me parece una oportunidad, nueva casa, amigos, costumbres... Al final tienes dos de todo, dos mundos y aunque te sientes perdida en los dos no lo cambiaría por nada. En fin, que luego sigo escribiendo, todavía me quedan cositas que contar.
Biquiños

agosto 10, 2006 1:14 p. m.  

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